Melanina, folículo y ciclo del pelo: la biología detrás de la depilación láser

por | Sep 18, 2026 | Sin categoría

La depilación láser suele explicarse como magia: luz que entra, pelo que desaparece. La realidad es más interesante y explica por qué hacen falta varias sesiones, por qué el vello claro no responde y por qué el sol es el peor enemigo del tratamiento.

El principio es la fototermólisis selectiva. La melanina del tallo del pelo absorbe la luz de una longitud de onda concreta, se calienta y transmite ese calor al folículo, que es la estructura que fabrica el pelo. Si la temperatura es suficiente, el folículo se daña y deja de producir. La piel de alrededor, con menos melanina, se calienta menos y se protege además con la refrigeración del cabezal.

Aquí entra el ciclo del pelo. Solo los folículos en fase de crecimiento, la anágena, están conectados al tallo y reciben el calor. Los que están en reposo o en caída no se ven afectados. Como en cada momento solo un porcentaje de los folículos está en anágena, cada sesión elimina una fracción, y por eso se necesitan entre seis y diez sesiones separadas por semanas.

Esta misma lógica explica los cuidados: sin melanina no hay diana, así que el pelo rubio o canoso no responde; y con la piel bronceada, la epidermis compite por absorber la luz y aumenta el riesgo de quemadura. Un tratamiento de depilación láser bien planteado empieza por valorar el fototipo y el tipo de pelo, no por encender la máquina.

Para las familias que consultan por adolescentes: el láser se puede aplicar a partir de la pubertad completa, cuando el ciclo hormonal se ha estabilizado, y siempre con valoración previa. Antes, el pelo cambia tanto que el tratamiento pierde sentido.

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